La columna vertebral de «Proust y los Signos» es la argumentación de Deleuze sobre la estructura de En busca del tiempo perdido como una
en la obra de Proust. Para él, estos signos no son meros símbolos o convenciones, sino que tienen una fuerza intrínseca, una capacidad para provocar un cambio en nuestra percepción. Deleuze explora el concepto de alternancias y oposiciones en la novela, mostrando cómo Proust yuxtapone diferentes niveles de conciencia, diferentes tiempos, diferentes recuerdos, creando así un efecto de tensión y de revelación. La novela, por tanto, es un ejercicio de equilibrio, una búsqueda constante de armonía entre lo consciente y lo inconsciente. Además, Deleuze explora la importancia del tiempo como un elemento fundamental de la obra, mostrando cómo Proust utiliza el tiempo para desestabilizar la narrativa tradicional y para revelar la naturaleza fluida y cambiante de la memoria.
El núcleo del argumento de Deleuze reside en su análisis de la «recherche» de Proust, no como una búsqueda de un objeto perdido, sino como una investigación fundamental sobre la naturaleza del significado. Deleuze argumenta que Proust se dedica a desentrañar los signos que la memoria produce, y a comprender cómo estos signos se relacionan entre sí para construir un nuevo orden de significado. Esta investigación no es lineal ni lógica, sino que es un proceso de descubrimiento, un «saltar» de un signo a otro, impulsado por la intuición y la emoción. Deleuze destaca cómo Proust utiliza la coincidencia – esa inesperada unión de sensaciones y recuerdos – como punto de partida para esta investigación.
Deleuze se enfoca en el papel de la jerarquía de los signos en la obra de Proust. Argumenta que Proust establece una jerarquía de signos, desde los signos más evidentes y superficiales hasta los signos más profundos y ocultos, que se manifiestan en los momentos de «jamais contenté» (nunca satisfecho). Estos momentos son cruciales porque representan el punto donde la memoria se revela con toda su fuerza, desestabilizando la narrativa y provocando una profunda transformación en el lector. Deleuze también analiza la importancia de la sensibilidad en la obra de Proust, argumentando que es la sensibilidad la que permite al lector captar los signos que la memoria produce. La novela, por tanto, es una invitación a desarrollar nuestra propia sensibilidad, a aprender a escuchar los murmullos de la memoria.
Opinión Crítica de Proust y los Signos (3ª Ed.): Un Análisis delectual
“Proust y los Signos” es un libro que, a pesar de su densidad, se lee con una gran recompensa. Deleuze logra, con una prosa elegante y precisa, hacer accesible una de las obras más complejas y hermosas de la literatura. El libro es un elogio a un nuevo lenguaje, un lenguaje que, aunque no sea el de Proust, se convierte en uno de los más clarificadores entre todos los posibles. La erudición de Deleuze es evidente, pero nunca se convierte en jergas filosófica insoportable; su enfoque está centrado en la obra proustiana, y lo logra con una agudeza y un rigor deslumbrantes.
Sin embargo, es importante reconocer que el enfoque de Deleuze puede resultar inicialmente desconcertante para el lector que se acerca a la obra de Proust con una perspectiva más tradicional. Su énfasis en la estructura y el proceso creativo, aunque extremadamente valioso, puede eclipsar la belleza y la emoción de la novela. No obstante, leer «Proust y los Signos» puede ser una experiencia transformadora, ampliando nuestra comprensión de la obra de Proust y de la naturaleza de la escritura. Se recomienda este libro para aquellos que buscan una lectura más profunda y reflexiva de Proust, y que estén dispuestos a desafiar sus propias ideas preconcebidas. es un libro que invita a la relectura, a un viaje continuo en el laberinto de la memoria y del significado.