«El Tartufo» (1669) se centra en un caso de hipocondría que se convierte en el catalizador de una hilarante y, al mismo tiempo, amarga, comedia. El personaje principal, un noble llamado Béralde, se ve invadido por la preocupación por su salud y, por consiguiente, por la de sus hijos. Su angustia lo lleva a consultar a un médico, el Dr. Pinchaud, un hombre con poca habilidad y un gran talento para el espectáculo. Pinchaud, incapaz de curar a Béralde, inventa una nueva profesión: la de tartufo, un médico que se dedica a aparentar ser útil sin hacer nada.
La creación del tartufo es, en realidad, un golpe de suerte para un joven desocupado llamado Tartufo, que se aprovecha de la situación para convertirse en la figura más respetada de la familia. Tartufo, utilizando su ingenio y su habilidad para el engaño, se hace pasar por un médico valioso, obteniendo el favor de Béralde, su esposa, y de sus hijos, quienes le atribuyen un poder curativo que no posee. La situación se complica aún más cuando Tartufo, utilizando el nombre de “Dr. Pintard”, se presenta como un hombre de virtud y sabiduría, imitando los hábitos y las palabras de los eruditos, y logrando obtener el respeto y el afecto de la nobleza. Béralde, cada vez más ciego por la apariencia del éxito, se convierte en el más ferviente defensor de Tartufo, llegando a cuestionar la validez de todo conocimiento que no provenga de él. El conflicto se intensifica cuando la esposa de Béralde, se enamora de Tartufo.
“Don Juan” (1665) presenta un retrato deslumbrante y profundamente problemático de Don Juan Tenorio, un joven noble que vive siguiendo su propio código de honor, basado en el cortejo constante y la seducción de todas las mujeres, sin importarle el consentimiento o la correspondencia. Don Juan, obedeciendo a su padre, el Conde de Lerma, que le ha enseñado a «enamorar» a las doncellas, considera que la seducción es un arte y que su honor consiste en no renunciar a esta habilidad. No obstante, la «ley» del honor impuesta por el Conde es una invención, y Don Juan no tiene una verdadera comprensión de la moralidad, sólo una obsesión por satisfacer sus propios deseos.
El desarrollo de la obra se centra en el cortejo de Don Juan a la doncella Dorotea, quien, a pesar de la insistencia y la ostentación del joven, se niega a corresponderle. Don Juan, sin embargo, no se desanima y sigue insistiendo, llegando a llevar a Dorotea a juicio por «desaire». La obra se transforma entonces en un juicio teatral, donde Don Juan defiende su honor y su derecho a cortejar, argumentando que su «honor» reside en la capacidad de enamorar, aunque nadie corresponda a sus afectos. A través de este juicio, Molière explora las contradicciones del honor, la honra y las expectativas sociales , mostrando la hipocresía de la sociedad y su desprecio por la verdadera virtud.
“El Tartufo” es una sátira mordaz de la sociedad francesa del siglo XVII, que critica la adulación, la superstición y la facilidad con la que la gente se deja engañar. La obra demuestra cómo la credulidad y la hipocresía pueden convertir a un impostor en una figura respetada, y cómo el deseo de prestigio puede llevar a la gente a justificar acciones cuestionables. El personaje de Tartufo personifica la vacuidad y la falta de sustancia, pero su éxito radica en su capacidad para explotar la desesperación y la necesidad de Béralde. La obra nos invita a cuestionar la naturaleza del poder, la influencia de la opinión pública y la facilidad con la que se puede manipular a las personas.
En “Don Juan”, Molière explora las complejidades del concepto de honor y la moralidad a través de la figura de un personaje incomprensible, pero fascinante. Don Juan no es simplemente un seductor malvado; es un joven ingenioso, confundido y manipulado por las convenciones sociales y las expectativas paternas. La obra no ofrece una solución clara a la pregunta de si Don Juan es un villano o un héroe. Más bien, presenta un retrato ambivalente de un personaje que desafía los límites de la moralidad y nos obliga a confrontar nuestras propias ideas sobre el amor, el honor y la responsabilidad. El juicio teatral que sirve como clímax de la obra es una parodia de los juicios de la época y un comentario sobre la arbitrariedad de la justicia.
Opinión Crítica de El Tartufo / Don Juan
Molière, con su inigualable talento, logra construir dos obras maestras que, más de tres siglos después, siguen siendo relevantes. «El Tartufo» es, sobre todo, una farsa que nos hace reír a carcajadas, pero también nos hace reflexionar sobre la fragilidad de la razón y la facilidad con la que podemos ser víctimas de la manipulación. La obra es una sátira excepcional, que utiliza el humor y la ironía para criticar las actitudes y los comportamientos de la sociedad. La representación de Tartufo es un acto de tesis que invita a la reflexión.
“Don Juan” es una obra más compleja y ambigua. Aunque la figura de Don Juan puede resultar repulsiva, Molière consigue que el público simpatice con él, al menos hasta cierto punto. El personaje es un catalizador de conflictos y ideas, y su honor contradictorio nos fomenta a cuestionar la solidez de nuestros propios valores. La obra es una exigencia intelectual y moral, ya que nos obliga a enfrentarnos a preguntas incómodas sobre la naturaleza del amor, el honor y la responsabilidad. Por ello, la obra es tan valiosa en el siglo XXI, donde las cuestiones de la moralidad y del honor siguen siendo relevantes.
«El Tartufo» y «Don Juan» son dos obras imprescindibles en el canon de la literatura universal. Molière, con su maestría, nos regala dos obras que invitan a la reflexión y al debate , y que nos hacen concienciar de las complejidades de la naturaleza humana. Recomendamos estas obras a lectores que busquen una experiencia teatral profunda y estimulante.


