La novela comienza con Cándido, un joven tutor que vive en la finca de su amado Maestro Don Abbondio en la Toscana. Cándido, un joven enérgico y optimista, es educado por Don Abbondio en las filosofías de Leibniz, en particular en su doctrina de que “el mundo es el mejor de los mundos posibles”. Este principio, basado en la idea de que Dios es perfecto y, por lo tanto, todo lo que ocurre debe ser lo mejor que podía ser, se convierte en la base del mundo de Cándido. Sin embargo, la vida de Cándido se ve abruptamente alterada cuando se encuentra con el Dr. Pangloss, un filósofo que comparte las ideas de Leibniz. El Dr. Pangloss, con su lógica fría y desapasionada, y su capacidad para encontrar una explicación racional para cualquier evento, convierte a Cándido en su discípulo, y juntos emprenden un viaje que se convertirá en una serie de desventuras y tragedias.
Su viaje comienza con un ataque de tropas francesas a la finca de Don Abbondio, que resulta en la muerte de Don Abbondio, quien, temiendo la ira de los revolucionarios, se niega a realizar el matrimonio de su sobrina. Cándido, herido y desamparado, es llevado a Trancoso, donde se encuentra con una serie de personajes exóticos que representan diferentes aspectos de la sociedad: un mercader francés, un capitán inglés, un emperador chino, un filósofo griego, un sacerdote y un astrónomo. Cada encuentro, lejos de fortalecer la visión optimista de Cándido, lo expone a la miseria, la injusticia y la crueldad. Es torturado, se casa con una hermosa pero vulgar bergantina, ve morir a su esposa y al hijo que tuvo con ella, y es testigo de numerosas otras tragedias. El Dr. Pangloss, con su lógica implacable, justifica cada evento como “lo mejor que podía ser”, incapaz de comprender la magnitud del sufrimiento de Cándido.
A pesar de las innumerables calamidades que le ocurren, Cándido persiste en su fe en el optimismo de Leibniz, convencido de que todo lo que le sucede debe ser “lo mejor que podía ser”. Su viaje lo lleva a través de una variedad de situaciones absurdas y trágicas, incluyendo ser testigo del asesinato de un hombre por un perro, ser torturado por un tirano, ser desterrado a un páramo desolado, ser convertido en un pastor y, finalmente, ser rescatado por el Dr. Pangloss, quien le revela que ha estado viviendo en un volcán en erupción. A pesar del peligro inminente, Cándido sigue manteniendo su optimismo, creyendo que incluso esta situación es “lo mejor que podía ser”. El Dr. Pangloss, por otro lado, se muestra indiferente al sufrimiento de Cándido, continuando con su lógica fría y desapasionada, convirtiéndose en una figura ridícula y deshumanizada.
La novela culmina con el rescate de Cándido del volcán, donde el Dr. Pangloss lo recibe como un favor, explicándole que ha estado viviendo en una situación que, aunque peligrosa, era “lo mejor que podía ser”. El Dr. Pangloss, a pesar de haber sido testigo de las desventuras de Cándido, mantiene su fe en la perfección de Dios y, por lo tanto, en la inevitabilidad del bien. El final, aunque aparentemente optimista, es profundamente desconcertante, ya que el lector se da cuenta de que Cándido ha permanecido ciego a la realidad y que su optimismo ha sido utilizado para justificar la injusticia y el sufrimiento. La obra, en esencia, es una crítica al dogmatismo filosófico y a la incapacidad de la razón para comprender la complejidad de la vida.
Opinión Crítica de Candido o el Optimismo: Una Reflexión Imparcial y Pertinente
“Cándido o el Optimismo” es, sin duda, una de las obras más importantes de Voltaire, y una lectura obligada para cualquier persona interesada en la historia de la literatura y la filosofía. La novela no es simplemente una historia divertida y satírica; es una profunda reflexión sobre la naturaleza humana, la sociedad y la relación entre la razón y la fe. La habilidad de Voltaire para crear personajes inolvidables, como Cándido y el Dr. Pangloss, es un testimonio de su genio literario. Cándido, con su ingenuidad y su fe inquebrantable, representa la vulnerabilidad del ser humano ante la adversidad, mientras que el Dr. Pangloss es una caricatura perfecta del dogmático, un hombre que se aferra a sus ideas a pesar de la evidencia en contra.
Sin embargo, la novela no es fácil de leer. El estilo de Voltaire es afilado y crítico, y la trama, aunque entretenida, es a menudo caótica y aparentemente sin sentido. Sin embargo, precisamente esta complejidad es lo que hace que la novela sea tan valiosa. Voltaire no ofrece respuestas fáciles, sino que nos invita a cuestionar nuestras propias certezas y a considerar la realidad del sufrimiento humano. Considerando que la obra fue escrita en el siglo XVIII, sigue siendo extremadamente relevante hoy en día. La crítica a la idea de que «todo lo que sucede es lo mejor que puede ser» sigue siendo tan válida como siempre. Es un libro que, si bien puede ser frustrante en ocasiones, es indispensable para comprender la complejidad de la condición humana. Recomendamos esta edición de Navona Editorial para su excelente presentación y la posibilidad de un nuevo acercamiento a esta obra maestra.