El libro, que se presenta como una carta dirigida a un colega, se inicia con una descripción minuciosa del contexto de la construcción de la Lonja de Mallorca. Jovellanos se muestra preocupado por la necesidad de evitar el desperdicio de recursos y de asegurar que las obras públicas se lleven a cabo con la máxima eficiencia. Critica duramente las prácticas de la época, donde la falta de planificación y la corrupción eran comunes. Para ello, utiliza la construcción de la Lonja como caso de estudio, analizando los materiales utilizados, las técnicas de construcción empleadas, la distribución del espacio y el impacto de la obra en el entorno urbano. Más allá de la mera descripción física, Jovellanos se centra en el propósito de la Lonja como centro de comercio y administración, y cómo este debía estar en consonancia con los principios del buen gobierno.
Jovellanos argumenta que la construcción debe guiarse por criterios de racionalidad y funcionalidad. Se opone a los excesos decorativos y a las soluciones improvisadas, buscando siempre la solución más simple y eficaz. Su análisis se basa en la observación de los principios de la arquitectura clásica, especialmente la de Vitruvio, que consideraba la proporción, la simetría y la armonía como elementos esenciales de un edificio funcional y estéticamente agradable. Además, Jovellanos destaca la importancia de la planificación urbana y de la necesidad de integrar las construcciones públicas en el tejido social y económico de la ciudad. Considera que una ciudad bien organizada y con edificios adecuados favorecía el comercio, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. El autor también presta especial atención a la relación entre la arquitectura y la moralidad, argumentando que un edificio bien diseñado transmitía valores de orden, disciplina y respeto.
El libro se estructura en torno a una serie de observaciones detalladas sobre la Lonja de Mallorca, divididas en secciones que abarcan aspectos como la ubicación del edificio, su arquitectura, los materiales utilizados, la función que debía desempeñar y su relación con el entorno urbano. Jovellanos no se limita a describir el edificio; escribe para instruir, para persuadir y para mostrar la importancia de la racionalidad en la gestión de los asuntos públicos. Su enfoque es profundamente filosófico, ya que considera que la arquitectura es un reflejo de la sociedad y que, por lo tanto, un edificio debe estar en consonancia con los valores y las aspiraciones de la comunidad a la que sirve.
La argumentación de Jovellanos se basa en un rigor intelectual inigualable. Analiza los problemas que enfrentaba la construcción de la Lonja, como la falta de una planificación adecuada, la corrupción y la especulación, y propone soluciones basadas en la razón y el conocimiento. También critica la falta de control sobre los gastos públicos y la tendencia a priorizar los intereses personales sobre los del Estado. La obra se presenta como una advertencia contra el despilinamiento y la arbitrariedad, y como un llamamiento a la necesidad de una administración pública honesta, eficiente y transparente. El autor utiliza un estilo claro y preciso, evitando las expresiones vaguedades y los argumentos rebuscados. Su lenguaje es elegante y persuasivo, y su razonamiento es sólido y convincente. “Mallorca” es un ejemplo perfecto del estilo de Jovellanos, que se caracteriza por su rigor, su erudición y su compromiso con el progreso.
Opinión Crítica de Mallorca. Carta Sobre el Edificio de la Lonja (Facsimil)
“Mallorca. Carta Sobre el Edificio de la Lonja (Facsimil)” es una obra monumental, un testimonio del genio intelectual de Gaspar Melchor de Jovellanos y, en particular, de su aguda visión sobre la organización de los asuntos públicos. La obra, lejos de ser un mero análisis arquitectónico, es un ejercicio de pensamiento crítico que sigue siendo relevante en la actualidad. La precisión de la descripción de la Lonja, combinada con el análisis profundo de sus problemas y la propuesta de soluciones basadas en la razón, hacen de esta obra un valioso documento histórico y una fuente de inspiración para los administradores públicos.
Si bien el estilo de Jovellanos puede resultar, en algunos momentos, un poco formalista, su rigurosidad y su pasión por el orden y la eficiencia son innegables. Es importante recordar que la obra fue escrita en un contexto de profunda crisis política y social, donde la corrupción y el despilinamiento eran rampantes. Por ello, las críticas de Jovellanos a la administración de la época eran, en gran medida, justas y oportunas. Sin embargo, también es preciso reconocer que su enfoque puede resultar, en algunos casos, un poco dogmático y poco flexible. No obstante, la importancia de la obra reside en su capacidad para promover la reflexión sobre la necesidad de una administración pública honesta, eficiente y transparente, valores que siguen siendo fundamentales en cualquier sistema de gobierno. Recomendamos este facsímil a cualquier persona interesada en la historia, la arquitectura, la política y la filosofía.
En cuanto a las recomendaciones, se aconseja leer la obra junto a otros textos del pensamiento ilustrado, para comprender mejor el contexto histórico y las ideas que inspiraron a Jovellanos. Además, es importante tener en cuenta que “Mallorca” es un documento histórico que refleja los problemas y las aspiraciones de la época, por lo que no debe interpretarse como un modelo universal de buen gobierno. Es, en última instancia, una obra que nos invita a reflexionar sobre la importancia del racionalismo, la justicia y la eficiencia en la administración de los asuntos públicos. Es un legado que sigue vivo y que merece ser valorado.